
Investigaciones revelan que grupos chinos han expandido operaciones ilícitas de extracción de oro en varios continentes, generando daños ambientales, corrupción y desplazamiento de comunidades locales. La demanda de oro de China, impulsada por su estrategia para reducir su dependencia del dólar estadounidense y fortalecer su influencia en el sistema monetario internacional, ha atraído a cárteles de la droga, grupos terroristas y mercenarios.
Según expertos, las redes chinas introducen maquinaria pesada y técnicas de lixiviación con cianuro, multiplicando la capacidad extractiva y los riesgos ambientales. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito advirtió que el crimen organizado se ha infiltrado profundamente en las cadenas de suministro de oro, constituyendo una «grave amenaza global».
La respuesta de las autoridades chinas ha sido evasiva, y funcionarios de países afectados denuncian la falta de cooperación y transparencia. El valor del sector ilícito se estima en más de 30.000 millones de dólares anuales, y el impacto en las comunidades afectadas es devastador.
En países como Ghana e Indonesia, las autoridades han denunciado la devastación ambiental y la corrupción institucional generada por la minería ilegal china. La falta de transparencia en torno a las reservas y fuentes de abastecimiento de oro de China ha crecido, y expertos coinciden en que resulta imposible determinar con precisión cuánto oro posee el país y de dónde procede.
Con información de Infobae.




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