
Perú suele debatir la relación entre minería y agricultura como si fueran sectores incompatibles. Sin embargo, la experiencia del Valle Fortaleza, en Áncash, demuestra lo contrario: cuando se articulan de manera virtuosa, ambos pueden convertirse en motores de desarrollo regional.
En esa zona, la minera Antamina, la agroexportadora TALSA y pequeños productores transformaron la palta Hass de un cultivo de subsistencia a un producto de exportación competitivo. El éxito se sustentó en tres ejes: inversión minera en infraestructura y riego, transferencia tecnológica para pequeños agricultores e inserción en cadenas internacionales de valor.
Hoy, Moquegua aparece como la región con condiciones para replicar ese modelo. Con dos operaciones mineras de gran escala —Southern Perú y Anglo American— y otra próxima a iniciar —Buenaventura—, la región cuenta con actores clave capaces de impulsar una alianza productiva con el sector agrícola.
Una palta con potencial, pero con retos estructurales
La palta Hass, segundo cultivo más relevante de Moquegua, muestra un crecimiento sostenido pero limitado frente a regiones líderes. Entre 2019 y 2024, la producción pasó de 6,951 a 8,919 toneladas y las exportaciones de USD 0,65 millones a USD 1,36 millones. En contraste, Áncash multiplicó su producción por dos y sus exportaciones por tres en el mismo período.
Los desafíos que enfrenta Moquegua son claros: escasez hídrica, baja tecnificación del riego, rendimientos estancados, ausencia de certificaciones internacionales, débil organización de productores y dependencia de intermediarios. Sin resolver estos puntos, el despegue competitivo será limitado.
La minería como catalizador de diversificación
La minería en Moquegua tiene un rol estratégico en este escenario. Más allá de sus aportes fiscales, las empresas pueden convertirse en motores de infraestructura hídrica, logística y tecnológica, además de financiar programas de fortalecimiento productivo. Sumado al trabajo de empresas tractoras —que aporten estándares de calidad, asistencia técnica y acceso a mercados— y a una política pública activa, el modelo podría generar una transformación agroindustrial similar a la de Áncash.
“Replicar en Moquegua el modelo del Valle Fortaleza no es solo una aspiración técnica, sino un reto público-privado que exige alinear voluntades y capacidades”, plantea el análisis. En esta ecuación, la minería actúa como catalizador, las agroexportadoras como puente y el Estado como garante de condiciones habilitantes.
De lograrse esa articulación, Moquegua podría pasar de ser reconocida solo por su minería a convertirse en un polo de diversificación productiva, donde el agro y la minería convivan no como sectores enfrentados, sino como socios estratégicos para el desarrollo regional sostenible.
Con información de Infobae.








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