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La industria local se desmorona bajo el peso de las importaciones y la caída del consumo

  • Jujuy
  • 30 de marzo de 2026

La realidad económica de Jujuy presenta una fractura expuesta. Detrás de las cifras de crecimiento minero que celebra el gobierno de Carlos Sadir, se esconde un dramático derrumbe del sector fabril y comercial. Un reciente informe de la Unión Industrial de Jujuy (UIJ) encendió las alarmas al describir un escenario de «absoluta desigualdad» provocado por la apertura de importaciones y el desplome del consumo interno, medidas impulsadas por la gestión de Javier Milei.

Aunque el empleo privado registrado muestra una baja moderada del 0,6% desde diciembre de 2023, la cifra es calificada como un «maquillaje estadístico». La realidad en las plantas es de suspensiones, adelantos de vacaciones y ceses de turno, herramientas desesperadas que las empresas agotan antes de proceder a desvinculaciones masivas o al cierre definitivo.


La sangría de la industria tradicional

El impacto de las políticas nacionales y el apoyo provincial a la apertura de mercados está golpeando al corazón productivo de Jujuy. El cierre de empresas emblemáticas y los recortes en grandes empleadores marcan el pulso de la crisis:

  • Sector Tabacalero: Cierre de la planta de Alliance One.
  • Alimenticia: Cese de operaciones de la firma Otito.
  • Azucareras: Centenares de despidos en el gigante Ledesma.

Federico Gatti, presidente de la UIJ, fue tajante al señalar que lo poco que se produce localmente debe competir contra productos importados que ingresan en condiciones de privilegio o incluso de forma ilegal. «Estamos compitiendo en absoluta desigualdad», advirtió el dirigente, subrayando la desprotección total del productor regional.


El «refugio» de la minería no alcanza

Al igual que sucede en Neuquén con Vaca Muerta, la minería en la Puna —especialmente el litio— es el único sector que sostiene las estadísticas de actividad. Sin embargo, este «motor» es incapaz de absorber la mano de obra expulsada por la industria tradicional.

«El proceso de formación y absorción laboral que propone el Gobierno llevaría, en el mejor de los casos, cinco años. Es un plazo imposible de sostener socialmente con los despidos constantes que vemos hoy», afirmó Gatti.


Precarización y fragilidad social

La crisis no solo se mide en despidos, sino en la calidad del empleo. El informe de la UIJ denuncia una precarización creciente: ante la imposibilidad financiera de sostener plantillas completas, los trabajadores que aún conservan sus puestos enfrentan condiciones más frágiles y salarios que pierden poder adquisitivo frente a la recesión.

Mientras la administración de La Libertad Avanza (LLA) apuesta a una reconversión económica de largo plazo, la industria nacional en Jujuy advierte que el costo social de esta transición está siendo devastador, dejando a miles de familias a la deriva frente a un mercado interno que no da señales de recuperación.

Con información de El Destape.

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