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Del ciclo Veladero al ciclo Vicuña: una lectura territorial de la transición minera en San Juan

Ezequiel Frondizi
Una hipótesis para comprender el nuevo escenario

En los últimos meses, el debate sobre el Distrito Vicuña ha estado dominado por indicadores de inversión, infraestructura, producción de cobre, ingreso al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y posicionamiento internacional de Argentina dentro de la transición energética. Sin embargo, existe otra dimensión menos visible, pero igualmente estratégica: la transformación del territorio. La hipótesis que proponemos desde R.A.I.C.E.S. es que el Distrito Vicuña no debería analizarse únicamente como un nuevo proyecto minero, sino como el inicio de una transición territorial entre dos ciclos históricos de desarrollo: el ciclo Veladero y el nuevo ciclo del cobre representado por Vicuña. Esta transición no constituye simplemente un cambio de proyectos. Implica la reorganización de actores, instituciones, expectativas sociales, cadenas de valor, formas de gobernanza y mecanismos de construcción de legitimidad. El legado territorial de Veladero Durante más de veinte años, Veladero configuró una experiencia colectiva que excedió ampliamente la producción de oro. El territorio incorporó aprendizajes institucionales, consolidó proveedores locales, desarrolló capacidades técnicas, generó empleo especializado y construyó expectativas respecto del papel de la minería como motor del desarrollo provincial. Al mismo tiempo, también dejó tensiones persistentes vinculadas al agua, la licencia social, la distribución del valor económico y la relación entre las comunidades, el Estado y las empresas. En otras palabras, Veladero produjo una memoria territorial. Esa memoria constituye hoy el punto de partida desde el cual la sociedad sanjuanina interpreta el nuevo ciclo minero. Vicuña inaugura otra lógica El Distrito Vicuña presenta características muy diferentes. No se trata únicamente de un nuevo yacimiento. Se trata de un distrito minero binacional, impulsado por una alianza entre dos compañías globales, inserto en la estrategia internacional de producción de cobre para la transición energética y acompañado por un nuevo marco regulatorio como el RIGI. Esta nueva configuración modifica profundamente la escala de las decisiones. Las cadenas de suministro se internacionalizan. La competencia incorpora proveedores chilenos. Las inversiones alcanzan dimensiones inéditas. Las decisiones corporativas comienzan a responder simultáneamente a escalas locales, nacionales y globales. En consecuencia, también cambia el territorio. Las primeras señales de una transición Diversos episodios recientes permiten observar que el territorio comienza a reorganizarse frente a este nuevo escenario. Los debates sobre el compre local, la creación del Registro Provincial de Proveedores Mineros (RE.PRO.MIN.), las discusiones sobre el Tratado de Integración Minera con Chile, la preocupación por la competitividad de los proveedores sanjuaninos y conflictos como Batidero no deberían interpretarse como hechos aislados. Leídos en conjunto, constituyen señales tempranas de una transición territorial. No expresan únicamente diferencias comerciales. Reflejan el intento del territorio por redefinir cómo participará del nuevo ciclo de desarrollo. El desafío de la gobernanza La gobernanza del Distrito Vicuña presenta una complejidad inédita. Conviven al menos cuatro dimensiones: * una gobernanza corporativa, organizada entre BHP y Lundin Mining; * una gobernanza regulatoria, sustentada en el RIGI y el marco jurídico argentino; * una gobernanza binacional, derivada del Tratado de Integración Minera entre Argentina y Chile; * y una gobernanza territorial, donde participan municipios, comunidades, proveedores, cámaras empresariales y organismos provinciales. Mientras las tres primeras presentan estructuras relativamente consolidadas, la gobernanza territorial continúa en proceso de construcción. Es precisamente allí donde comienzan a manifestarse las principales tensiones. Comprender antes que reaccionar Tradicionalmente, los conflictos territoriales suelen abordarse cuando ya alcanzaron niveles de protesta, judicialización o paralización operativa. La experiencia internacional y los enfoques desarrollados por organismos como la CEPAL muestran que resulta mucho más eficiente comprender las dinámicas territoriales antes de que dichas tensiones escalen. En este sentido, proponemos desplazar la mirada desde el conflicto hacia los procesos que lo producen. No se trata únicamente de analizar eventos. Se trata de comprender las transformaciones que reorganizan el territorio. Una agenda para los próximos años Si nuestra hipótesis resulta correcta, el principal desafío del Distrito Vicuña no consistirá únicamente en construir infraestructura minera. Consistirá en gobernar una transición territorial. Las inversiones podrán ejecutarse en pocos años. Las capacidades institucionales, las expectativas sociales y la construcción de legitimidad requerirán mucho más tiempo. Comprender esa transición, monitorear sus señales tempranas y fortalecer las capacidades de gobernanza territorial puede convertirse en uno de los factores estratégicos para la sostenibilidad del nuevo ciclo minero de San Juan.

R.A.I.C.E.S. Inteligencia socioterritorial para comprender las transformaciones que condicionan la gobernanza de proyectos estratégicos.

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