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Argentina podría multiplicar por seis sus exportaciones energéticas y mineras para 2035

Argentina se encuentra ante una oportunidad histórica que podría reconfigurar de manera drástica su balanza comercial y su matriz productiva. Según un informe elaborado por Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo de la organización Fundar y miembro de Misión Productiva, el país tiene el potencial técnico de pasar de exportar USD 13.000 millones netos en energía y minería a rozar los USD 75.000 millones hacia el año 2035.

Este salto exponencial, equivalente a multiplicar por seis las divisas generadas por estos sectores, estaría apalancado por el pleno desarrollo de tres pilares clave: la formación no convencional de Vaca Muerta, el litio y el cobre. Sin embargo, el estudio —presentado en el marco del Congreso Productivo para el Desarrollo— enciende una luz de alerta: la abundancia geológica es una condición necesaria pero no suficiente para alcanzar el desarrollo económico real.

El riesgo de la «Argentina extractiva» vs. la «Argentina productiva»

El eje central del análisis radica en derribar el mito de que poseer recursos en el subsuelo se traduce automáticamente en riqueza para la sociedad. Schteingart advierte sobre el peligro de asumir que la sola exportación de materias primas nos equiparará a países como Noruega, Australia o Canadá.

A través de datos concretos, el informe revela la enorme brecha per cápita que aún separa a la Argentina del resto de las potencias mineras y energéticas:

  • La foto actual: Argentina exporta apenas unos USD 1.000 per cápita en recursos naturales. Esto representa unas 30 veces menos que Noruega, 12 veces menos que Australia, 7 veces menos que Canadá y 4 veces menos que Chile.
  • La proyección a 2035: Incluso logrando el ambicioso objetivo de los USD 75.000 millones, la cifra ascendería a unos USD 3.000 per cápita, un valor que continuaría estando sustancialmente por debajo de los estándares de los países desarrollados.

“Las industrias extractivas van a ser una locomotora poderosa de dólares. Pero corremos el riesgo de creer que la locomotora automáticamente arrastra vagones”, graficó Schteingart. Para el especialista, el peligro latente es consolidar una «economía dual»: un enclave rico y aislado que genere tensiones sociales y no derrame sobre el resto del entramado laboral y tecnológico del país.

El desafío de enganchar los vagones industriales

Para transformarse en una «Argentina productiva», el informe de Fundar plantea que la clave del éxito radica en construir capacidades tecnológicas y cadenas de valor locales alrededor de las bocas de pozo y las plantas mineras. Esto implica multiplicar los proveedores industriales, los servicios de alta complejidad, la investigación científica y el empleo calificado.

Actualmente, el país no arranca de cero: ya existen unas 10.000 empresas proveedoras de petróleo y gas distribuidas en las 24 provincias. El objetivo estratégico para la próxima década es expandir esa base de pymes hacia la minería metalífera y del litio.

Al respecto, el documento subraya que los espejos donde Argentina debe mirarse (como el clúster minero intensivo en conocimiento de Australia o la ingeniería petrolera de Noruega) no triunfaron por el azar de su geografía, sino porque aplicaron una política industrial, científica y tecnológica activa desde el Estado.

El RIGI bajo la lupa y la necesidad de planificar

El análisis también aborda la implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). El director de Fundar reconoce que el instrumento legal aborda una urgencia real del país: «El RIGI permite que la locomotora ande a 500 km/h» al destrabar proyectos de escala monumental que requieren estabilidad jurídica de largo plazo.

No obstante, el estudio señala dos falencias de diseño en el régimen: por un lado, otorga beneficios fiscales a sectores que quizás ya poseían capacidad de inversión propia; por el otro, carece de incentivos robustos para priorizar la contratación de proveedores nacionales o el desarrollo de centros de I+D (Investigación y Desarrollo) en suelo local.

La conclusión del informe de Misión Productiva y Fundar deja una bitácora clara para los hacedores de políticas públicas de cara a los próximos años: la estabilidad macroeconómica es un piso indispensable, pero no un proyecto de país por sí sola. «La fuerza del subsuelo abre una puerta. Pero el desarrollo hay que fabricarlo», concluye el documento, invitando a una profunda coordinación público-privada para que este histórico atajo de divisas no termine en un nuevo tren descarrilado.

Con información de Ámbito Financiero.

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