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La economía argentina crece de la mano del agro y la minería

Argentina atraviesa una mutación acelerada de su ADN económico. Durante décadas, el país fue considerado una «anomalía» en la región por conservar una robusta base industrial y una clase media ligada al consumo interno. Sin embargo, los datos del inicio de 2026 confirman que esa estructura está siendo reemplazada por un modelo de «crecimiento en forma de K», donde los sectores primarios vuelan mientras la producción fabril toca fondo.

Según el último informe del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), la economía creció un 1,9% interanual en enero. No obstante, el análisis pormenorizado revela una realidad dual: casi la totalidad de esa suba (1,7 puntos) fue aportada exclusivamente por el agro y la minería. En la vereda opuesta, la industria manufacturera cayó un 2,6% y el comercio un 3,2%.


2026: ¿El año del cierre masivo?

Para especialistas como Martín Schorr (CONICET), el proceso actual se distingue de otros ciclos neoliberales (como los de los 90 o el periodo 2015-2019) por su vértigo. «La caída en la ocupación industrial y en la estructura empresarial es más acelerada que en cualquier otro experimento previo», señala.

Las cifras del centro de estudios Fundar son elocuentes: desde el inicio de la gestión actual, han desaparecido 22.608 empresas, lo que representa una reducción del 4,4% del universo corporativo nacional. Es la mayor sangría de firmas para los primeros 25 meses de un gobierno desde el año 2003.


De fabricantes a importadores

Más allá del cierre definitivo de plantas emblemáticas —como el reciente caso de la fabricante de neumáticos FATE—, el fenómeno más silencioso es la reconversión. Ante la caída del consumo interno (producto del deterioro salarial) y la apertura comercial, muchas pymes han dejado de producir para convertirse en importadoras.

  • Récord de importaciones: El ingreso de bienes de consumo terminados alcanzó su nivel más alto en 30 años.
  • Pérdida de expertise: Los expertos advierten que este proceso «archiva» conocimiento técnico y capacidad instalada que será muy difícil recuperar en el futuro.

El fantasma de la «latinoamericanización»

El informe de elDiarioAR introduce un concepto clave para entender el momento: la latinoamericanización. Esto implica una economía donde la rentabilidad está atada a la demanda mundial de materias primas y no al bienestar del mercado local.

«A los sectores extractivos no les importa que los salarios sean bajos, porque venden afuera. Esto limita cualquier política redistributiva futura», advierte Schorr.


El desafío del empleo

La gran incógnita que deja este esquema es la calidad del trabajo. El agro y la minería, aunque generan divisas, son sectores «capital-intensivos» pero no «mano de obra-intensivos». Es decir, no pueden absorber los miles de puestos que se pierden en las fábricas, la construcción o los comercios de barrio.

El resultado visible en este 2026 es un mercado laboral fragmentado, con un aumento del pluriempleo, la informalidad y ofertas salariales que, en algunos sectores degradados, apenas alcanzan los $150.000 semanales por jornadas extenuantes. Mientras el «metal rojo» y el «oro verde» brillan en las estadísticas de exportación, el tejido social que sostenía a la industria nacional enfrenta su prueba de supervivencia más dura en medio siglo.

Con información de El Diario Ar.

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