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El Valle del Jequitinhonha, el nuevo “El Dorado” del litio en Brasil

La fiebre mundial por el litio, mineral clave en la fabricación de baterías para vehículos eléctricos, ha transformado al Valle del Jequitinhonha, una de las regiones más pobres de Brasil, en el nuevo “El Dorado” del sector minero.

En apenas dos años, cinco compañías —en su mayoría de capital extranjero— anunciaron inversiones por 6.300 millones de reales (unos 1.165 millones de dólares) para explotar las séptimas mayores reservas de litio del mundo. El impulso llegó tras un decreto de 2022 que habilitó por primera vez la exportación del mineral, hasta entonces restringida.

Desde entonces, la producción de concentrado de espodumeno, que contiene 5,5 % de litio, se multiplicó por veinte, alcanzando las 320.000 toneladas previstas para este año. Pese al desplome del precio internacional —de 4.000 a 950 dólares por tonelada en solo dos años—, Brasil se mantiene competitivo gracias a sus menores costos operativos, que rondan los 500 dólares por tonelada, frente a los 1.000 de Australia.

“El litio en Brasil es muy competitivo por el bajo costo de la mano de obra y la energía. Eso nos permite seguir adelante con los proyectos”, explicó Daniel Abdo, vicepresidente de Relaciones Internacionales de Sigma Lithium, quinto productor mundial.

Un boom minero con proyección global

El Jequitinhonha concentra el 85 % de las reservas brasileñas de litio y el 8 % de las globales, según el Ministerio de Minas y Energía. Solo en los municipios de Araçuaí e Itinga, la llegada de geólogos, maquinaria pesada y camiones cargados de mineral ha modificado la rutina de poblaciones hasta hace poco aisladas.

Actualmente, dos empresas producen en la zona: la Companhia Brasileira de Lítio (CBL), pionera desde 1991 con su mina de Cachoeira, y Sigma Lithium, de capital canadiense, que inició operaciones en 2023. Ambas tienen planes de expansión que podrían triplicar su capacidad en los próximos cuatro años.

A ellas se suman cuatro proyectos en desarrollo: la canadiense AMG, con planes para producir 180.000 toneladas anuales; la estadounidense Atlas Lithium, con 150.000; la australiana Pilbara Minerals, con una inversión de 313 millones de dólares; y Lithium Ionic, también de Canadá, con 140 millones de dólares.

Más allá de la minería

CBL es, por ahora, la única con una planta química en Brasil capaz de transformar el concentrado en carbonato de litio con 99 % de pureza, lo que permite abastecer a industrias locales que fabrican medicinas, grasas, lubricantes y cerámicas. La compañía proyecta triplicar su producción de carbonato hacia 2027, mientras Sigma prevé convertirse en el tercer mayor productor mundial de concentrado en ese mismo año.

El boom del “oro blanco” en Brasil ha despertado también el interés geopolítico. Mientras China concentra hoy la mayor parte de las compras, Estados Unidos busca acuerdos estratégicos para asegurar el suministro de minerales críticos en medio de su disputa comercial con Pekín.

De este modo, el Valle del Jequitinhonha, antaño símbolo de atraso, comienza a consolidarse como un eje estratégico en la nueva geografía energética global.

Con información de EFE.

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