
La minería en Argentina vive un momento de enormes expectativas. Hay dos factores principales que explican esta euforia minera: por un lado el aumento de la demanda mundial de minerales estratégicos para diferentes industrias, y por otro lado un cambio en la opinión pública nacional con mayor aceptación hacía la actividad. A estos factores hay que sumar la implementación del RIGI y la reciente reforma de la ley de glaciares.
Hoy la minería se volvió un foco de esperanza económica y de desarrollo regional, y no es para menos. Hay que contextualizar los momentos para comprender la dimensión de los hechos y de las expectativas. Hace décadas que Argentina no crece sostenidamente, la creación de empleo formal es un bien escaso y gran parte de la población se sostiene con changas. La sociedad está viendo que con la minería puede haber una oportunidad para salir adelante.
En este marco realizamos un Clipping Reputacional en el mes de abril para conocer las tendencias de la conversación pública sobre la minería. Analizamos 79 publicaciones digitales provenientes de 58 fuentes distintas (medios digitales, portales especializados, redes sociales e instituciones). Compartimos algunos hallazgos y conclusiones:
- La narrativa pública fue mayormente positiva, el 61% de las publicaciones estuvieron a favor de la minería. Solo el 22% fueron publicaciones negativas y el restante 17% se calificaron como neutrales.
- Los activos reputacionales se sostuvieron en tres ejes: proyecciones de US$9.000 M en exportaciones, la mesa del litio del NOA con el apoyo de CFI, y la estabilidad que otorga el RIGI para inversiones de largo plazo.
- Los riesgos reputacionales se concentraron en los posibles pasivos ambientales producto por la reforma de la ley de glaciares, la narrativa de “agua” vs “cobre” y la conflictividad interprovincial por el proyecto Vicuña.
Las expectativas pueden desbordar
Al margen del monitoreo de reputación, es posible que todo lo que se espera de la minería no se refleje en el corto plazo. La exploración, la construcción, y la explotación requieren tiempo y muchas veces la ansiedad por tener resultados inmediatos puede provocar un desborde de expectativas.
Por eso, en este tiempo de grandes oportunidades convenga sentar las bases de la producción minera por los próximos 20 años de manera tal que supere los clásicos ciclos de esperanza y desilusión que nos caracterizan. No es solo una cuestión de exportaciones y sustentabilidad ambiental: es educación, capacitación, trabajo, migración interna, desarrollo de cluster de proveedores, competencia con el turismo, entre otros temas. La buena noticia es que tenemos la pelota. Depende de nosotros cuidarla y jugarla bien.
Por Tomás Lanusse / Consultor en Asuntos Públicos y Opinión Pública.




Deja una respuesta