
Argentina atraviesa un renacimiento de su sector nuclear, pero enfrenta una paradoja estratégica: posee tecnología de punta y centrales operando a máxima potencia, pero depende totalmente del exterior para obtener el combustible básico. Mientras las estatales Dioxitek y Nucleoeléctrica Argentina (NASA) cerraron un 2025 histórico, la minería de uranio se posiciona como el reto crucial del 2026 para garantizar la autonomía energética.
El año pasado, la generación nuclear cubrió el 7,5% de la demanda eléctrica nacional con un récord de 10,7 millones de MWh. Sin embargo, el esquema de Javier Milei para el sector —que incluye la privatización parcial de NASA y la creación de YPF Nuclear— apunta ahora a un objetivo más profundo: reactivar los yacimientos locales para dejar de importar el mineral.
Proyectos en la mira: Entre el potencial y las restricciones
El mapa del uranio argentino tiene nombres propios, pero también obstáculos legislativos que el sector privado y público buscan sortear:
- Amarillo Grande (Río Negro): Operado por Blue Sky Uranium, es el proyecto más avanzado. Este año se centrará en estudios de ingeniería y prefactibilidad. Se espera que para 2027 presente su informe de impacto ambiental para convertirse en el primer yacimiento de uranio y vanadio a escala comercial del país.
- Cerro Solo (Chubut): Propiedad de la CNEA, es un yacimiento de clase mundial. En noviembre de 2025, recibió la visita del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) para evaluar su viabilidad. No obstante, su desarrollo depende de la flexibilización de la Ley XVII-68 que limita la minería en la provincia.
- Laguna Salada: Ubicado también en Chubut y a cargo de Jaguar Uranium, se encuentra en etapa de evaluación económica preliminar.
El rol de YPF Nuclear
La creación de YPF Nuclear marca un cambio de paradigma. La empresa busca aplicar la experiencia logística y extractiva de la petrolera de bandera para explorar y extraer uranio, revirtiendo un parate de casi 30 años. La meta no es solo el autoabastecimiento, sino convertir a Argentina en un potencial exportador de combustible nuclear, aprovechando su know-how en reactores modulares (SMR).
El desafío de la licencia social y las leyes «cerrojo»
A pesar de la voluntad política, el avance enfrenta barreras geográficas y legales. La clausura de Sierra Pintada en Mendoza, bajo la Ley 7722, y las restricciones en Chubut obligan al sector a buscar métodos extractivos innovadores y con menor impacto hídrico.
“El uranio es clave para la transición energética y el presidente tiene una postura muy clara a favor de este mineral”, destacó Mario Belardinelli, líder de minería para KPMG Argentina. Para el especialista, las perspectivas son positivas, pero dependen de la capacidad de generar beneficios concretos para las comunidades locales que aseguren la licencia social.
Con Atucha I, Atucha II y Embalse operativas, el 2026 será el año en que se defina si Argentina puede cerrar su ciclo de combustible nuclear o si continuará dependiendo de la logística internacional para alimentar sus reactores.
Con información de bnamericas.







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