
Desde el inicio de la humanidad, la minería ha impregnado toda nuestra vida cotidiana. En nuestros hogares, casi todo está constituido por minerales: ladrillos, tejas, cerámicas, baldosas, hierros, chapas, alambres, bronces, utensilios, caños, cables, herrajes, pinturas, sanitarios, herramientas y vajilla, se conforman de elementos que se extraen de los minerales.
Fuera del ámbito doméstico utilizamos vehículos, construidos totalmente o casi totalmente por insumos que provienen de la minería. También el combustible que lo hace funcionar, el pavimento sobre el que se desplaza y los semáforos son de origen mineral. Sin la minería no existirían grandes obras civiles, ferrocarriles, barcos ni máquinas o instalaciones industriales del mundo moderno. Tampoco se podría producir y transportar energía, ni herramientas o máquinas para sembrar, cosechar, elaborar, procesar, conservar y transportar alimentos o producir cualquier bien de la economía.
El sector de servicios también depende de los minerales a través de la tecnología, desde peluquerías hasta empresas de tecnología de información. Sin minería sería difícil producir arte, ya que, por ejemplo, los instrumentos musicales requieren de minerales. Sin minería tampoco sería posible la existencia de Internet, ni las computadoras, ni las telecomunicaciones, ya que la electrónica requiere de una amplia variedad de minerales. Asimismo, las energías renovables, fundamentales para lidiar con el cambio climático, requieren de la minería.
En resumidas cuentas, tanto nuestra sociedad actual como las del pasado han estado edificadas sobre la producción e industrialización de minerales. Ya lo dice un viejo adagio del sector: “si no es cultivado, tiene que ser minado”.
Fuente: Centros de estudios para la producción







