
El sueño de los alquimistas de todas las épocas y nacionalidades era fabricar oro a partir de otro metal. Transmutación, o llamaban. ¿Pero esto es posible? Hoy sabemos que sí, pero no según la receta alquimista, sino gracias a los principios básicos de la energía nuclear.
El oro, más allá de su valor simbólico e histórico, desempeña un papel crucial en una variedad de aplicaciones contemporáneas. En la industria electrónica, el oro se utiliza extensamente en la fabricación de componentes electrónicos de alta gama, como circuitos impresos y conectores, debido a su excelente conductividad eléctrica y resistencia a la corrosión. Además, en el ámbito de la medicina, el oro se emplea en tratamientos contra el cáncer, donde partículas de oro son utilizadas para dirigir la radiación hacia células cancerosas específicas, minimizando el daño a tejidos sanos.
No terminan ahí sus aplicaciones. En la industria aeroespacial y de la aviación, el oro se utiliza en recubrimientos térmicos para proteger los satélites y naves espaciales de las extremas condiciones del espacio, así como en componentes críticos de aviones y cohetes debido a su capacidad para resistir la corrosión.
Querían “fabricar” oro por métodos químicos. No se puede hallar un elemento nuevo por métodos químicos, en la actualidad sabemos que la única forma de encontrar un elemento es mediante procesos nucleares. De hecho, todos los elementos que conocemos y que no son hidrógeno o helio, se han formado en el seno de distintos tipos de estrellas. Desde el hierro, pasando por el oro e, incluso el uranio.
Fuente: Muy Interesante



