
La transición energética global ha reconfigurado las oportunidades para América Latina, posicionando a la Argentina en un lugar de relevancia estratégica que, a su vez, le impone una responsabilidad logística inédita. La Nota Técnica N°17 de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), titulada «Potencial y Consumo Energético del Sector Minero de América Latina y el Caribe», reveló que la minería ya representa el 9% de la demanda eléctrica total de la región, con un consumo consolidado de 124.524 GWh en 2024.
El verdadero reto se vislumbra en las proyecciones a mediano plazo: la OLACDE anticipa una expansión del 62% hacia 2034, año en el que el sector alcanzará un consumo de 201.590 GWh. Este incremento implica la necesidad de incorporar aproximadamente 77 TWh adicionales de demanda eléctrica en apenas diez años, transformando a la actividad extractiva en el principal factor de presión para la infraestructura energética regional.
El peso de la Argentina en el tablero internacional
La acelerada demanda de minerales críticos esenciales para la electromovilidad y las energías limpias —como el cobre y el litio— coloca a la Argentina en una posición de liderazgo. Al integrar el «Triángulo del Litio» junto a Chile y Bolivia, el país resguarda cifras oficiales contundentes provistas por la Secretaría de Minería de la Nación:
- Recursos y reservas de litio: Argentina posee 197,9 millones de toneladas en recursos y 18,6 millones de toneladas en reservas. Ocupa el quinto puesto como productor mundial, registrando 6 proyectos en fase de producción y más de 41 en etapas avanzadas. Sus exportaciones, que en 2024 fueron de USD 645 millones, proyectan superar los USD 11.000 millones para 2035.
- Recursos y reservas de cobre: Cuenta con 116 millones de toneladas en recursos y 17,1 millones en reservas. Aunque no registra producción desde 2018, megaproyectos como Josemaría, Los Azules, Taca Taca, El Pachón y el Proyecto Vicuña representan inversiones de entre USD 15.600 millones y USD 19.000 millones. De concretarse, las exportaciones de cobre superarían los USD 11.000 millones anuales hacia 2033.
En términos generales, el sector minero constituyó el 4% de las exportaciones del país en 2024 (USD 4.633 millones) y prevé superar los USD 5.000 millones en 2025. Las estimaciones oficiales indican que, gracias al impulso del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), Argentina podría cuadruplicar sus exportaciones mineras totales para 2030, alcanzando los USD 18.600 millones anuales.
El cuello de botella: Más producción exige más energía
El reporte de la OLACDE deja en claro que la expansión industrial de los yacimientos vendrá acompañada de una exigencia energética extrema. En el caso del cobre, la disminución de las leyes minerales obliga a las empresas a procesar volúmenes de roca sustancialmente mayores para obtener la misma cantidad de metal final, multiplicando el uso de electricidad en trituración, molienda y bombeo.
Para la Argentina, esto representa un condicionante crítico: los grandes proyectos cupríferos se asientan en la cordillera de San Juan y Salta, áreas caracterizadas por la alta montaña y un marcado estrés hídrico. El funcionamiento de plantas de desalinización y los sistemas de bombeo a gran profundidad conformarán demandas eléctricas sin precedentes para la región andina.
Por el lado del litio, las plantas de carbonato y cloruro distribuidas en el NOA (Salta, Jujuy y Catamarca) demandan un suministro eléctrico continuo y de alta confiabilidad para ejecutar los procesos de evaporación, purificación y secado. Escalar las 70.000 toneladas de carbonato de litio producidas en 2024 requerirá de una infraestructura de transmisión eléctrica que hoy no existe en las zonas de salares.
Potencial renovable y desafíos de gobernanza
La gran ventaja competitiva del país radica en su geografía. Mientras la Patagonia dispone de recursos eólicos de clase mundial, el norte minero ostenta una de las irradiaciones solares más altas de América del Sur, lo que permitiría abastecer la demanda minera con energía limpia y de baja huella de carbono.
No obstante, la OLACDE enfatiza que persisten desafíos estructurales urgentes: la escasez hídrica, la presión ambiental, el desarrollo de marcos regulatorios previsibles y, fundamentalmente, la deficitaria red de transmisión eléctrica en las provincias productoras.
«La transición energética requiere seguridad en la provisión de los minerales críticos, y es aquí donde la región deja de ser un espectador para convertirse en protagonista», sentenció Andrés Rebolledo, secretario ejecutivo de la OLACDE.
El escenario actual confirma que la Argentina posee los recursos y el interés de los mercados internacionales. El verdadero interrogante de cara a la próxima década radica en saber si el Estado y el sector privado lograrán planificar y financiar las obras de infraestructura eléctrica necesarias para sostener el «boom» productivo sin saturar el sistema energético nacional.
Con información de Más Energía.





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